20110704

Por la tarde ella iba a su segundo trabajo y él a estudiar...

...Llegaba a su casa dulcemente cansada, despeinada, secretamente satisfecha. Lavaba, planchaba y limpiaba el desastre de esas niñas que apenas miraba unos minutos en la mañana. Sentía que su cuerpo reventaría después de tantas horas, por eso creía que merecía aquella lubricidad por las noches.

Una noche mientras él busca hábilmente su clítoris con su dedo medio e índice, vieron la primer mirada de reojo. Aquella masa oscura e impasible, empezó a despertar como gatos curiosos. Casi le gustó cuando sintió otras manos acariciando sus muslos con cautela, pero más le entusiasmó besar los pechos de esa mesera ardiente, tibios y temblorosos...

Extracto de cada mañana debe ser el verde. El club de los aburridos/ Jessica Masaya

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