Desde hace algún tiempo, mis almuerzos han sufrido una suerte de
recurrencia... digo,
recurrencia del tema que tratamos en sobremesa.
Y es que en la medida que los
compañeros y compañeritas de almuerzo son los idóneos,
religiosamente ese tema se desarrolla alrededor de las relaciones entre hombre/mujeres, y para ser sinceros, se centra la mayoría del tiempo en el sexo.
Y es que hablar de sexo (a pesar del
tabú que prevalece), nos produce morbo, nos genera información, nos pica la curiosidad, nos asombra algunas veces, y muy
probablemente nos
chivea a algunos también.
Esta sobremesa sexual tiene una historia larga, (se remonta para mi, a los días en que trabajaba en una
antiagencia de publicidad). El punto de tanta cháchara, radica en lo curioso de la fauna de
platicadores, que muchas veces se dan cabida en estas reuniones de mediodía: Desde los penosos, que apenas si opinan,- pero no pierden detalle de la
conversación- hasta los salidos, que realmente no tienen pelos en la lengua.
Así de esa manera, se va nuestra semana, de almuerzo en almuerzo, de pregunta en pregunta, de comentario en comentario, de carcajada en carcajada en esta divertida
reunion diaria de sexo oral...
¡Buen provecho!